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José Machillanda: El régimen en pánico empuja a la explosión social

 

Nicolás Maduro acompañado del gorilismo militarista  aupado por Padrino López, ha mostrado su intención oculta ayer en un evento inimaginable en una democracia. Trata así el gobierno de empujar a la sociedad venezolana a la violencia política. Violencia política mediante el empleo de las bocas de fuego de un régimen que sufre una enorme fatiga por la creciente ingobernabilidad. Violencia política que pudiera irrumpir en una marcada  explosión social durante  la protesta civilista del 19 de abril que intenta confrontar el militarismo con la expresión armada de la Milicia.

El régimen tuvo la osadía de mostrarle al mundo su gorilismo, su irresponsabilidad histórica y su carencia de respeto hacia los hombres y mujeres, mayoría democrática que en legítimo sentido político, social y ético, demandan por la vía electoral el cambio de un régimen cobarde y autoritario. Un régimen cobarde, autoritario y militarista sostenido por el partido político en armas mostró al mundo, a América Latina en especial y a los venezolanos demócratas, su saña primitiva cuando interpreta a la política como la guerra. En forma indeseable, vergonzosa, con un desplante comunicacional que será hito para el estudio de las relaciones civiles militares en América y Latinoamérica, mostró a unos uniformados adulantes al régimen violando la Constitución.

Los actores militares del 17 de abril mostraron que ellos son parte confirmada del socialismo a juro que impuso el régimen cubano al endeble sistema político venezolano para aprovecharse de las riquezas nacionales, su petróleo, los negocios y asaltar organizaciones críticas que tienen que ver con la defensa de la República. Todo esto coloca a quienes ayer fueron actores comunicacionales políticos en una condición de delito y, más grave aún, facilitan la verificación de que quienes operan como cúpula del militarismo hace tiempo  se olvidaron de su condición militar ligada a la defensa del Estado, lo cual habla de su irresponsabilidad y debilidad ética.

Nicolás Maduro tiembla, está lleno de pánico e incapacidad para aproximar el ambiente político real, entonces ristre en mano se juega con el partido político en armas la gravísima situación que vive el país. Para ello, emplea su partido político en armas para generar en una provocación fratricida enfrentamientos que imposibles de controlar pudieran empujar a una confrontación callejera, que determinaría en grado máximo la explosión social. Es decir, el protagonismo militar del 17 de abril más la desconfianza de la gran mayoría de los venezolanos podría terminar, con la provocación comunicacional decidida por Nicolás Maduro, en violencia política.

La ineptitud de Nicolás Maduro y quienes regentan el socialismo a juro, no tiene límites. Sin genio para crear acciones políticas que tengan dirección, motivo y sentido en el intrincado momento de la política doméstica, atizan la violencia pero además se olvidan de la política, privilegiando la explosión social. Violencia que han venido desarrollando los escuderos que previamente han hablado de guerra, de Kalashnikov, de confrontación y de motorizados que como colectivos irracionales atienden a la seducción de la muerte. Esos escuderos que creen que la política se hace por la vía de la guerra y no terminan de comprender que la política cuanto persigue es la construcción, el crecimiento y desarrollo para alcanzar la paz.

Nicolás Maduro, Padrino López y ahora los visibles retadores militaristas a la democracia, es decir, los marxistoides del siglo XXI atizan, amenazan y persiguen a los venezolanos comunes y corrientes que con el símbolo de la democracia y el arquetipo de la participación política, están decididos desde el 6D del 2015 y más aún, desde el inició la dictadura el 20 de Octubre de 2016, hoy tiranía, a defender una ecuación simple que es aquella donde el individuo está por encima de la colectividad y del Estado: la democracia política. Se vuelven a equivocar los violentos, están identificados y serán enjuiciados por las leyes y sobre todo por la mayoría de la civilidad democrática, que es a quien le toca decidir el destino de Venezuela como República.

La intención oculta del militarismo bastardo del 17A tiene que enfrentar al símbolo de la libertad representado por los demócratas, va a comprender que la democracia como disciplina de vida no le teme ni siquiera a la violencia armada y aunque la maroma uniformada, vergüenza de la historia político militar del país, insinúe o convoque a la explosión social como violencia política, ello no será posible por cuanto el demócrata ha controlado el miedo, tiene una decisión unívoca -la democracia-, pero sobre todo hay un cuerpo de significaciones imaginarias sobre la libertad, el derecho al voto y la pasión cierta por reinstalar un régimen decente, opuesto a la vergüenza de la provocación militarista del partido político en armas, presidido por Padrino López y Nicolás Maduro.