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Venezuela Urgente – Encuentro Social Cristiano

 

Venezuela desea vivir en una sociedad segura, pacífica y libre. Con estabilidad espiritual, física y económica; una paz que derrote al odio y la división impulsados durante 20 años por el actual  régimen; y la libertad para poder cada uno emprender el desarrollo de su vocación y lograr metas personales en armonía con el fin primordial del Estado, la búsqueda del bien común, además de satisfacer las necesidades básicas como alimentación y salud. Todo ello con el fin de transformar a Venezuela en una tierra de progreso y convivencia, no de crisis y confrontación, un país donde podamos reconocernos en igualdad republicana, que volvamos a ser personas con dignidad, no seres envilecidos por un Estado fallido, un país con ciudadanos solidarios dispuestos a hacerse cargo de su futuro, sin que se lo impongan desde un poder ilegítimo que se empeña en construir una sociedad atomizada y totalitaria.

Para poder lograr dicho objetivo hay que llegar a acuerdos -entre todos los sectores sociales que estén dispuestos a impedir, con la enorme fuerza que nos proveen los medios democráticos a nuestra disposición, que el régimen culmine su trayectoria hacia el totalitarismo- sobre cuáles deben ser los caminos a seguir para que Venezuela retorne a  la civilidad, al progreso, a la convivencia. Que volvamos a tener futuro, porque sabemos cómo enfrentar los desafíos del presente.

En este espíritu y con estas ideas conductoras, nosotros, militantes del humanismo cristiano y abierto al encuentro ecuménico con todos aquellos hombres y mujeres que valoran la dignidad de la persona humana, sus derechos, su libertad y su transcendencia, nos dirigimos a la nación.

La urgencia de los retos

Tales desafíos son muy urgentes porque las terribles consecuencias de los angustiosos hechos que los producen ya no se pueden medir en años o meses; las cifras de muerte de compatriotas, de destrucción, de emigración ciudadana, de extensión de la pobreza, de perdidas esperanzas, crecen y se abultan cada día, cada hora, cada minuto.

En su debilidad, aislamiento creciente, y la paranoia personal y colectiva vividas por su dirigencia, el poder crecientemente tiránico nunca ha actuado con sinceridad frente a las llamadas a un diálogo que condujera a darle pronta solución a la crisis humanitaria, económica y política que sufre nuestra nación. Para el oficialismo tal posibilidad ha sido siempre ruta de engaños y de ganancia de tiempo para su ilegal permanencia en el poder, apoyando solo mediaciones falsas, e irrespetando una intermediación seria como la propuesta por la Iglesia Católica, o por voces de gobiernos e instituciones extranjeras.

Al paso de los días el régimen se decanta por aplicar una mayor represión hacia toda la sociedad –considerando legítimo el uso de la violencia extrema, que incluye la tortura a los innumerables presos políticos -; la destrucción de la división de poderes y de todo esquema institucional pluralista; una hegemonía comunicacional que conduce asimismo a la autocensura mediática; el ahogo del sector privado; la desintegración de toda organización política, gremial y sindical, cultural o económica, que sea independiente y esté promovida por la sociedad civil; la vulneración de derechos humanos, cívicos y políticos; la pobreza creciente, la volatilización del salario real, la aplicación de una estrategia económica destructiva del aparato productivo que parte de la decisión del régimen de inducir e inyectar la híper-inflación para destruir el salario de los trabajadores y sepultar la empresa privada y el mercado, sumiendo a la colectividad en la pobreza para hacerla dependiente de las dádivas monetarias o de las ayudas que pueda recibir del régimen para su precaria subsistencia.

Sin ninguna faz de humanidad o de comprensión del sufrimiento que producen, siguen destruyendo sin descanso el tejido nacional. Nicolás Maduro, en la más reciente reunión del Foro de Sao Paulo ha reivindicado el “legado de Fidel Castro”. El ilegítimo presidente, junto a otras figuras del régimen, insiste en su voluntad de seguir avanzando en una senda con características socialistas totalitarias.

La crisis nacional se agudiza ante el bloqueo por el gobierno de la vía electoral. Ejemplos son el impedimento de realizar el referendo revocatorio; las ilegítimas y fraudulentas elecciones a una asamblea constituyente con irregularidades y ventajismos que incluso se incrementaron en las elecciones regionales, locales, y en las presidenciales realizadas en 2018.

Merece recordarse que toda tiranía reivindica fórmulas de destrucción. De instituciones y de personas, de logros y esperanzas. No solo busca malograr el presente, sino asimismo el futuro. Los tiranos son enemigos declarados del porvenir.

Corren tiempos cada vez más duros: en las casas, las calles, los campos, las universidades, las empresas, los templos, nadie duda de que vivimos una situación de desasosiego  en la cual ya nada sorprende, cuando lo inesperado, incluso si es algo no deseado, se vuelve un hecho normal.

No es sorprendente, por ello, la pérdida de soberanía ante el abandono de las fronteras, con presencia tolerada y auspiciada del narcotráfico y de las guerrillas de las FARC y del ELN colombianos. Tampoco, la incompetencia, desidia y contradicciones que el Gobierno Bolivariano ha tenido en relación al territorio Esequibo y al grave hecho de que, debido a su negligencia e improvisación, se ha puesto en peligro nuestra reivindicación histórica de dicho territorio nacional, poseedor de importantes riquezas energéticas hoy explotadas por empresas transnacionales bajo la mirada pasiva de un gobierno que se dice anti-imperialista.

Los venezolanos ansían urgentemente una necesaria e impostergable reconstrucción.  Las mayorías han rechazado con convicción y dignidad el intento del Estado forajido de convertirnos a su imagen y semejanza, de que asumiéramos sus anti-valores, sus servidumbres sin alma, su desprecio por todo lo bueno, lo honesto, lo digno. Compartimos la caracterización del régimen hecha en diversos documentos de la Conferencia Episcopal Venezolana, con su permanente llamado de alerta sobre la orientación comunista del régimen, tomada al calco de un modelo fracasado en todos los países donde se ha implantado; porque no podremos realizar una adecuada tarea de lucha cívica contra el presente gobierno si no comprendemos la verdadera naturaleza del injusto sistema vigente. Esa naturaleza que la iglesia venezolana ha calificado como “perversa ideología”.

Nosotros, militantes del socialcristianismo, creemos que los valores de la reconstrucción nacional están en el corazón de un porcentaje mayoritario de venezolanos, y proponemos condensarlos en la renovación de las  ilusiones que motivaron la que fuera la más amplia unidad nacional contra una tiranía: el encuentro nacional durante las gestas que cristalizaron el 23 de enero de 1958. Una auténtica unidad para la obtención, desarrollo y profundización de las libertades democráticas. 1958 significó un gigantesco paraguas asociativo que le dio a cada persona residente en nuestra tierra nuevas esperanzas para la construcción de una identidad democrática tanto individual como comunitaria.

Puede afirmarse que la sociedad venezolana alcanzó una mayoría de edad republicana a partir del 23 de enero de 1958, y de los debates que se dieron para  conformar un gran acuerdo vía los partidos pero más allá de ellos, con toda la sociedad y con base popular, con el fin de constituir un gobierno civil y pluralista. Al final de dichos debates surgió el llamado Pacto de Puntofijo, inicio de los cuarenta años de república civil que, con todo y sus fallos, han sido los momentos de mayor avance de nuestra historia post-independencia. En esas décadas los venezolanos crecimos como nunca porque sentíamos que por primera vez los vientos de la Historia soplaban a nuestro favor.

La urgente reconstrucción democrática

Luego de la destrucción material y ética producida por el chavismo, los pilares de la reconstrucción nacional son entre otros el diálogo democrático; la institucionalización acompañada de la promoción de la persona humana y  de su papel en la comunidad; la potenciación de la sociedad civil y de todas las organizaciones intermedias; la creación de un orden económico productivo que tome en cuenta nuestra importante dotación de hidrocarburos pero que vaya mucho más allá, hacia la construcción  de una economía post rentista eficiente, equitativa y productiva; y la derrota de la pobreza por vía de la solidaridad y de la generación de riqueza.

La promoción del diálogo entre todos los sectores de la sociedad castigados por tantos años de desgobierno es indispensable tanto por razones políticas como morales. Hacemos un vehemente llamado a todo el liderazgo tanto a los partidos políticos como a las organizaciones sociales a que avancen con firmeza hacia un nuevo clima de entendimiento nacional que lime asperezas, proponga objetivos claros, señale estrategias válidas y eficientes, así como promueva la discusión sobre cuáles serán las bases para un nuevo orden democrático a alcanzar. Todo esto es especialmente urgente y en su obtención se va el futuro de nuestra amada patria: mantenerse en la ruta de la discordia interna, de los intereses personales sobre los intereses del bien común, es pavimentar un camino que lleva a la servidumbre.

Y dicho diálogo, tan urgente, no debe ser sólo sobre el presente, sino asimismo sobre el pasado, y los errores cometidos. La  Venezuela democrática del futuro pasará por una etapa en la cual podamos los venezolanos reinventarnos, como hicimos en 1958, imaginando juntos una nueva nación, una nueva realidad. Con una Constitución viva y vigente en sus contenidos y en sus interpretaciones de la realidad diaria. Una Constitución para ser respetada, no para ser violada desde el poder.

El debate sobre una república democrática fundado en los aportes del humanismo cristiano, los cuales han llegado a constituirse en parte indisoluble de todo ideario democrático a lo largo y a lo ancho del mundo, puede condensarse en la primacía de la persona, de la ética del trabajo y del nuevo impulso educativo garantizado por una institucionalidad fuerte, confrontando al  “éxito basado en la corrupción”, difundido durante 20 años por el régimen.

Otro tema vinculado a lo anterior: la derrota de la pobreza, por vía del triunfo de la solidaridad  entre y con las personas, así como de la generación de riqueza en toda la sociedad, dentro de un modelo de economía solidaria de mercado que sea territorio de producción, innovación y distribución, substituto eficaz de los controles estatales y del paternalismo misionero.

Proponemos un cambio y progreso en libertad. Ello implica que la misión política es esencialmente una tarea de civilización y cultura que se propone ayudar a las personas a conquistar su autonomía.

El urgente apoyo exterior

Podemos decir, al revisar estas dos décadas primeras del presente siglo, que las democracias del continente resultaron sorprendidas por quienes utilizaron vías legales y electorales para destruir esa legalidad y falsificar los mecanismos de consulta popular.

Hoy el mundo mira con ojos distintos a aquellos ficticios redentores que violan derechos humanos, protegen y pertenecen a mafias narcoterroristas, se involucran en millonarios negociados internacionales, y son opulentos propietarios en ese imperio que dicen aborrecer.

Por ello el apoyo a la lucha contra la tiranía es universal. La conforman organizaciones políticas regionales e internacionales, ONGs de derechos humanos, un mayoritario número de las democracias más sólidas a nivel mundial. Se reconoce plenamente que la crisis venezolana ha sobrepasado nuestras fronteras. La crisis, con sus aristas sociales, económicas, psicológicas y políticas, ya no es solo venezolana, sino latinoamericana.

El Parlamento Europeo aprobó el pasado 5 de julio –día en que se conmemora nuestra Independencia nacional-, una resolución centrada en la crisis migratoria en Venezuela, que afecta cada día más a otros países latinoamericanos.

La Resolución describe así la situación de Venezuela: “87% de la población se ve afectada por la pobreza, con una pobreza extrema del 61,2%; la mortalidad materna se ha incrementado en un 60%, la mortalidad infantil hasta en un 30%”.

Se destaca también el informe de expertos de la OEA que ha declarado que en Venezuela “se cometieron siete crímenes contra la humanidad desde al menos febrero de 2014 y el propio gobierno ha sido responsable de la actual crisis humanitaria”.

“Apoyamos totalmente el informe de expertos de la OEA y el llamado del Alto Comisionado de los Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas para establecer una Comisión de Investigación sobre la situación en Venezuela y una participación más profunda de la Corte Penal Internacional”.

En este sentido, “se respaldan plenamente investigaciones preliminares de la Corte Penal Internacional sobre los extensos crímenes y actos de represión perpetrados por el régimen venezolano, y se hace un llamado a la UE para que desempeñe un papel activo”.

Asimismo que “la Unión Europea, junto con otros organismos democráticos, no reconoce ni las elecciones ni las autoridades puestas en marcha por este proceso ilegítimo”.

El Parlamento Europeo pide a la comunidad internacional, incluida la UE, “que establezca una respuesta coordinada, global y regional a la crisis y que intensifique su asistencia financiera y material a los países beneficiarios mediante el cumplimiento de sus compromisos”.

El urgente acuerdo político

Ese espíritu de unidad, trabajando en cooperación plena con los actores internacionales frente a un adversario dictatorial es hoy sin duda alguna más urgente. No hay más tiempo que perder. El llamado socialismo del siglo XXI posee una atrocidad y una inhumanidad nunca vistas en las luchas latinoamericanas por la libertad. Algo que también sufren, cada cual según su propia experiencia y su especial tiempo histórico, los hermanos cubanos y nicaragüenses.

Es urgente que los venezolanos seamos capaces de unirnos solidariamente en torno a visiones de país que surjan del debate diverso hacia una sociedad mejor, realmente democrática, pluralista, republicana. Creyendo en una nueva política con cualidades edificantes, con el principio de equidad como guía de la acción y con una legitimidad aprobada por la realidad. Con un liderazgo conciliador de medios y fines, creador de una unidad humana que rehaga, en clave de paz, fraternidad y entendimiento, un espacio, una voluntad y un temperamento realmente patrióticos. Pedimos por ello una oposición unida que sea el conducto adecuado para canalizar acciones y estrategias que se puedan desarrollar de manera conjunta con la comunidad internacional, con los actores de la pluralidad social, y con los componentes militares, de quienes se espera el acatamiento de la actual constitución nacional.

Es urgente asimismo la unidad de la familia socialcristiana, hoy lamentablemente dividida. Nos proponemos impulsar, desde una perspectiva de encuentro socialcristiano, una voz que aporte a la recuperación de nuestra democracia con rumbo de progreso y justicia social, así como a la unidad y el fortalecimiento de la capacidad combativa de las mayorías que reclaman cambios, y de los hombres y mujeres con la responsabilidad de liderarla.

La alternativa al acuerdo es el abismo hacia el cual nos lleva el régimen. Unidos, podemos transmitir la esperanza que tanto necesitan los ciudadanos. Juntos, podemos diseñar el camino que nos permita el cambio necesario, que privilegie la libertad y seguridad personales y el retorno de las políticas de autonomía y descentralización de regiones, estados y municipios. Hermanados para derrotar a una tiranía que solo ofrece decadencia y tragedia.

El camino a seguir, el que debe ofrecérsele a todos los ciudadanos, arranca por afirmar un hecho fundamental: la ilegitimidad jurídica, ética y moral del régimen. De sus dirigentes, sus instituciones y sus decisiones.

Ello implica, por ende, el rechazo de todas las decisiones emanadas del órgano central de la acción gubernamental: la Asamblea Nacional Constituyente, en especial cualquier propuesta de sustitución de la actual constitución para profundizar el modelo totalitario que el régimen promueve.

En ese sentido, se cuenta con la comprensión y cooperación de las fuerzas democráticas internacionales. Ellas han rechazado las acciones anti-constitucionales del régimen, ayudando a su denuncia y  a su aislamiento. Hay que mantener, cohesionar y perfeccionar el trabajo político con el exterior.

Es asimismo necesaria la organización de la protesta social, ciudadana, en torno al objetivo central de la sustitución, lo más urgentemente posible, del actual régimen por uno que permita transitar con rapidez el camino hacia una normalización constitucional y democrática. Se trata de convertir la ira en acción política organizada, con un correcto manejo de los tiempos, eso que siempre se admira en los grandes políticos.

Es importante que se reconozca el valor de lo local. Es en la comunidad, el espacio concreto de la vida ciudadana, donde comienza la protesta. Cada comunidad es el territorio de los encuentros ciudadanos a la hora de luchar contra la injusticia. Hay que acompañarlos, darles sentido político, estableciendo mayores y mejores redes de cooperación y comunicación.

Todo ello con la adecuada transparencia informativa, la profundización de los debates sociales y de la consulta ciudadana, el realismo y la serenidad estratégica para transitar con éxito la ruta de una clara comunidad de destino, un reencuentro nacional pleno de solidaridad, empatía y atención a los más necesitados.

 

Oswaldo Álvarez Paz, Abdón Vivas Terán, Julio César Moreno León, Ramón Guillermo Aveledo, Román Duque Corredor, Gustavo Tarre, Guillermo Yépez Boscán, César Pérez Vivas,  Juan José Monsant Aristimuño, Marcos Villasmil.

 

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