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Leopoldo Puchi: Una idea peligrosa

El almirante retirado estadounidense James George Stavridis escribió en una reciente edición de la revista Time lo siguiente: “Una enorme crisis se está fermentando a solo unos cientos de millas al sur de Miami: Venezuela, una nación de más de 30 millones de personas con las reservas de crudo más importantes del mundo, se encuentra al borde del colapso y de la guerra civil”. Luego se pregunta “¿Qué debería hacer Estados Unidos?”.

Los medios han destacado de la noticia la condición de ex comandante de la Otan de Stavridis, por lo que en una primera lectura pudiera verse reforzada la idea de una intervención militar. Sin embargo, en su texto Stavridis se muestra en desacuerdo con la posibilidad de una acción bélica directa como la anunciada por Donald Trump y sugiere otras modalidades de intervención extranjera.

Por lo demás, habría que destacar que el almirante retirado emite sus opiniones como un analista de política internacional, oficio al que se dedica en sus actividades académicas y en los medios de comunicación. También habría que señalar que es más cercano a los equipos de Hillary Clinton y de los demócratas que a los de Trump.

De su exposición, el punto central que habría que retener y analizar es su anuncio de una inminente guerra civil en nuestro país, casi inevitable desde su punto de vista. Ahora bien, ¿Cuántas probabilidades existen de que esto ocurra? ¿Cuáles son las condiciones para que ello tenga lugar? En realidad, en su artículo Stavridis dice poco al respecto y simplemente se limita, en lo esencial, a hacer la afirmación sobre la base la polarización que vive el país, los recientes disturbios de calle y el ataque al Tribunal Supremo de Justicia desde un helicóptero.

Aunque no se trata de una tesis absurda, la idea de la inminencia de una guerra civil en Venezuela puede ser sumamente peligrosa si no se evalúan los factores que pudieran desencadenarla y si no se definen las acciones que pudieran realizarse para evitarla.

En este sentido, podría señalarse que la situación económica, el descenso de los precios del petróleo, la inflación y la escasez crean las condiciones para el malestar social y pudieran dar lugar a estallidos, pero no a una guerra civil. Tampoco las tensiones entre grupos, estamentos y clases sociales pueden verse hoy como un factor detonante.

Es en la lucha por el poder político entre Gobierno y oposición donde se encuentra un potencial desencadenante de una guerra civil. Y de manera particular, si esa lucha política se expresa en una fractura de la fuerza armada, ya que no es previsible que se organicen grupos irregulares civiles opositores de envergadura para enfrentar al Gobierno.

Al tratarse de un asunto político, una guerra civil puede ser evitada por medios políticos, es decir por medio de la negociación entre los factores en pugna. Para ello no se requiere ninguna intervención extranjera contra el Estado venezolano, sino colaborar con el diálogo.

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