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Carlos Guillermo Cárdenas: Don Chucho Avendaño (1926-1997)

“Humilde como las albricias y los frailejones de la montaña de donde vengo y oscuro como el musgo que crece en sus laderas, tengo clara conciencia de que tamaño honor sobrepasa en mucho mi modesta trayectoria de médico y pediatra. Jamás hubiera aspirado a él, pero tampoco vacilé en aceptarlo cuando me fue informada la decisión del Consejo Nacional, porque a ello me obligaron el afecto y la gratitud con mi apreciado alumno Eliexer Urdaneta Carruyo y con el más difícil de mis pacientes, el doctor Ezio Gerardo Valery, quienes se empeñaron en mi postulación y lucharon para lograr su objetivo”. Estas hermosas y sentidas palabras fueron pronunciadas el 14 de septiembre de 1997 por el doctor José de Jesús Avendaño con motivo de la instalación de las XXXIII Jornadas Nacionales de Pediatría y Puericultura en la ciudad de Puerto La Cruz. Fueron sus últimas palabras discurridas en un escenario tan importante nacionalmente, sencillas y transparentes como los riachuelos del páramo y sonoras y cantarinas como el Albarregas y el Chama. Fue su última lección como maestro ante el auditorio compuesto por quienes fueron, muchos de ellos, sus alumnos en la universidad. En el discurso, para los anales de la historia de la pediatría venezolana, está don Chucho retratado como lo fue, profesional digno, responsable y serio, docente estudioso y maestro ejemplar. Fiel a sus arraigados principios cristianos, que los practicó a diario sin poses ni alardes. Su partida hace 20 años dejó un gran vacío, como huella indeleble, que se ha sentido en todo lo que ha significado grandeza, nobleza e hidalguía.

Abordó el tema del ejercicio de la medicina acechada por la incitación a la trivialidad, que reemplaza el ejercicio digno y honesto, solidario y comprensivo por el ejercicio reprochable. Le escribió a su hijo que vestía la toga con la banda amarilla de galeno (1984): “No se hace el médico sólo con sabiduría de bibliotecas y tecnología de instrumentos. Puede tener vastos conocimientos científicos y gran capacidad y habilidad instrumental, y sin embargo, ser mal médico si no entiende que los enfermos son personas y no casos. Una cosa es graduarse de médico y otra ser médico”. El recuerdo perenne a la memoria de don Chucho.

El doctor José de Jesus Avendaño fue profesor titular de la Cátedra de Pediatría y Puericultura de la Escuela de Medicina de la Universidad de Los Andes y del Hospital Universitario de Los Andes, Jefe del Departamento de Pediatría, Director de la Escuela de Medicina de la ULA, además ejerció la Presidencia del Consejo Municipal del Distrito Libertador (1971-1973), de la ciudad de Mérida. Contribuyó a la formación de innumerables médicos jóvenes, especialmente en el área de la Pediatría. Su deceso hace veinte años constituyó una pérdida invalorable para la Pediatría Venezolana. Hoy al recordarlo, se rinde homenaje a los bebes recién nacidos, a los niños y niñas y adolescentes a quienes el doctor Avendaño les dedicó el mayor y más encomiable esfuerzo de su ciclo vital como médico.

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