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Rafael Guerra Ramos: Sin sorpresas

De un proceso electoral nada transparente, rodeado de justificadas sospechas, de enfrentamientos en el campo opositor -no sólo entre los abstencionistas y los partidarios de votar, sino también entre abstencionistas entre sí-, así como de los abusos y el habitual ventajismo oficial, nadie puede sentirse sorprendido. Creció el mapa rojo rojito. Por supuesto, la oposición pudo haber evitado la pérdida de alcaldías tan importantes como la de Barquisimeto, Valencia, Petare, y ganar unas cuantas si el abstencionismo no hubiera dejado el vacío que facilitó el festín de los votos asistidos, del carnet de la patria, de los puntos rojos y demás trampas fraudulentas. (Muy significativo, por cierto, lo de San Cristóbal).

Gracias a la “rebelión” de las comunidades, alcaldías emblemáticas como las de Chacao, Baruta y El Hatillo no pasaron al dominio del régimen. Por lo demás, ciertamente, estas elecciones nada tuvieron que ver con la tradición democrática, de eventos alegres, de apuestas optimistas. Fue, por el contrario, un día gris, vacío de gentes y de entusiasmo, bajo el ánimo de “nada habrá que celebrar”. De ese clima no ha escapado el oficialismo, campeón universal del derroche y maniático de las tormentas de fuegos artificiales para expresar sus euforias; esta vez brilló por el silencio, estremecido tal vez por los pases de factura entre sus grupos mafiosos y por las escandalosas denuncias en torno al saqueo y ruina de la gallina de los huevos de oro, la que por mucho tiempo fue considerada una de las tres empresas petroleras más importantes del planeta.

Como telón de fondo: el sombrío horizonte que nos brinda el régimen en estas navidades. Todos los pronósticos de especialistas y observadores internacionales imparciales coinciden en que la crisis que nos atenaza sigue profundizándose bajo el peso brutal de la hiperinflación, del endeudamiento y la insolvencia, mientras la crisis humanitaria extiende la sombra de la ruina sobre todo el territorio y los estamentos sociales, crecen los cuadros de indigencia y se hace perentoria la ayuda humanitaria.

Paradójicamente, el presidente Maduro, en vez de mostrar alguna inquietud y ofrecer soluciones, por el contrario, con la sin par arrogancia que le caracteriza nos advierte que los partidos que no participaron en las elecciones no podrán hacerlo en las próximas. Igualmente propone que se mantenga por muchos años el CNE, en reconocimiento a “su ejemplar labor”. Un buen adelanto conciliador con destino a próxima reunión en República Dominicana.

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